O Señor, libérame de Tus excelentes
intenciones
y de la pureza de Tu corazón,
porque Tus intenciones aún excelentes me
confunden y el corazón es engañoso
y desesperadamente perverso.
O Señor, líbrame del Dios que tiene algo que
ganar
y del Ángel que tiene algo que perder.
Déjame solo, desfóndame el cerebro, inclúyeme
en la lista de almas que jamás verán Tu rostro
y que pasarán la eternidad jugando
al billar,
razonando en vano la geometría de los
diamantes.
He experimentado Tu afecto
y he recordado inmediatamente las
palabras del profeta Elroy:
“La experiencia no es sino caos representado
en línea recta.”
Presérvame de Tu sombra
que es la luz del mediodía;
sálvame de la verdad y del acierto
porque la verdad es mediocre y el
acierto innecesario
digo, a estas alturas.
Ahórrame el género de hombres y mujeres
que moldeaste del barro hartado
y que terminaron hablando del teatro como arte
y del actor como héroe.
O Señor, detesto el poder y Tú los resumes
todos.
Si acaso Te aburres en las noches desérticos
escóndeme y hazTe el que me buscas.
No me encontrarás.
Estaré conversando con animales modestos
y con plantas carnívoras,
y Tú bien sabes que ellos no mencionan Tu
nombre para nada
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